Jugar para incluir: lo que 8.200 jóvenes le están enseñando al sistema financiero colombiano
Jul 30, 2026
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Colombia tiene, en apariencia, una buena noticia que contar. Según el Reporte de Inclusión Financiera 2024 de la Superintendencia Financiera y Banca de las Oportunidades, el 96,3% de los adultos del país ya tiene al menos un producto financiero, y 37,1 millones de personas cuentan con una cuenta de depósito. Si nos quedáramos únicamente con esa cifra, podríamos concluir que el problema de la inclusión financiera está prácticamente resuelto. No lo está.
La misma Banca de las Oportunidades ha sido clara al explicar que la inclusión sin educación es una puerta que se abre, pero a la que muchos no saben o no pueden entrar con seguridad. Solo el 16% de los colombianos domina conceptos financieros básicos, y esa brecha se amplía justo donde más nos jugamos el futuro: en la niñez y la juventud. La OCDE lo ha documentado sin rodeos: nueve de cada diez niños en el mundo no tienen acceso a educación financiera formal. En un país donde más de la mitad de la población tiene menos de 30 años, esa cifra no es un dato demográfico más; es una alerta sobre qué tan preparada está la próxima generación para administrar su dinero, emprender y no caer en el sobreendeudamiento.
A esto se suman las brechas de siempre: en las zonas rurales el acceso a productos financieros es del 65,6%, frente a una cobertura prácticamente universal en las ciudades; y en el uso efectivo la distancia es todavía mayor (53,4% rural frente a 89,3% urbano). La brecha de género persiste, con diferencias de 6,9 puntos porcentuales en acceso y 4,4 en uso.
Una apuesta desde el juego
En la Fundación WWB Colombia decidimos hace un tiempo que si la educación financiera tradicional no estaba llegando a los jóvenes, había que encontrarlos donde ya están: en el celular, en el juego, en la pantalla. Así nació “Cash: El resurgir de los imperios”, un videojuego 2D desarrollado junto con Banco W en el que las y los jugadores cumplen retos y misiones para mejorar las condiciones de vida de su comunidad, mientras aprenden —sin darse cuenta— a ahorrar, a planificar gastos, a entender el crédito y a usar herramientas financieras digitales.
Hoy el juego supera los 8.200 jugadores. No es una cifra masiva comparada con los millones de adultos que reporta el sistema financiero formal, pero es una cifra que importa por lo que representa; jóvenes que están construyendo, casi sin percibirlo, los hábitos de planificación, ahorro y manejo de deudas que el 84% restante de la población adulta todavía no domina. Es una prueba de concepto pequeña con una implicación grande, ya que la metodología lúdica reduce la distancia entre “saber que existe la educación financiera” y “practicarla”.
Las preguntas que el sector no puede seguir esquivando
Como sector, tenemos la obligación de hacernos preguntas incómodas antes de celebrar nuestros propios indicadores:
- ¿Estamos midiendo lo que realmente importa? Cobertura y acceso son necesarios, pero no dicen nada sobre si una persona joven sabe leer una tabla de amortización o resistir un choque financiero. ¿Cuántas de nuestras fundaciones miden capacidad y cambio de comportamiento, y no solo número de beneficiarios?
- ¿Por qué la educación financiera sigue siendo un contenido optativo y no una competencia obligatoria del currículo escolar colombiano, cuando la evidencia muestra que la ventana de oportunidad está en la niñez y la adolescencia, no en la adultez?
- ¿Estamos cerrando las brechas rural-urbana y de género, o solo compensándolas con programas paralelos que nunca llegan a la escala del problema?
- ¿Cuántas fundaciones tienen hoy un programa de educación financiera para jóvenes que no conversa con los de las demás? ¿Estamos coordinando esfuerzos o compitiendo, sin saberlo, por los mismos territorios y los mismos jóvenes?
- ¿Qué pasa con los jóvenes que sí aprenden a ahorrar y a planear, pero llegan a un sistema financiero y a un mercado laboral que no les ofrece productos ni oportunidades acordes a su realidad?
Propuestas para avanzar, no solo para diagnosticar
Diagnosticar sin proponer es un lujo que Colombia no se puede dar. Desde la experiencia de la Fundación WWB Colombia, y con la convicción de que ninguna organización resuelve esto sola, proponemos cinco líneas de acción concretas:
- Currículo, no cátedra ocasional: impulsar de manera conjunta, ante el Ministerio de Educación, la inclusión de la educación financiera como competencia transversal y evaluable en la educación básica y media, no como taller esporádico dependiente de la buena voluntad de una fundación o una empresa.
- Metodologías lúdicas y digitales como palanca de escala: documentar y compartir entre las organizaciones experiencias como la de “Cash”, con sus resultados de aprendizaje, para replicar lo que funciona en lugar de que cada fundación reinvente su propia versión desde cero.
- Un nodo de datos compartido entre fundaciones: crear un tablero o repositorio que cruce cobertura, territorio y perfil de las personas beneficiarias de los programas de educación financiera juvenil, para identificar duplicidades, vacíos territoriales y oportunidades de trabajo conjunto.
- Enfoque diferencial real, no declarativo: priorizar deliberadamente a las jóvenes mujeres y a la juventud rural en el diseño de los programas, con metas de cierre de brecha explícitas y medibles, y no solo con lenguaje inclusivo en las presentaciones.
El reto compartido
Los 8.200 jugadores de “Cash” no son la solución al problema de la educación financiera juvenil en Colombia; son evidencia de que el problema se puede abordar de una manera distinta a la que hemos intentado durante años. El reto para las fundaciones, más que tener cada una nuestro propio programa exitoso y aislado, es construir, entre todas, un sistema de educación financiera para la juventud colombiana que sea tan ambicioso como las cifras de inclusión que hoy exhibimos con orgullo. La pregunta que nos queda, y que dejo abierta a mis colegas del sector, es simple: ¿vamos a seguir midiendo cuántos colombianos tienen una cuenta bancaria, o vamos a empezar a medir cuántos jóvenes en el país saben, de verdad, qué hacer con ella?
Johana Urrutia es Directora de Programas de la Fundación WWB Colombia. Lidera la estrategia de educación e inclusión financiera de la fundación, incluyendo el programa “Manejo exitoso del dinero” y el videojuego educativo “Cash: El resurgir de los imperios”, desarrollado junto con Banco W.