Informe de emergencia # 4 | Comunicar también es ayudar
Sep 14, 2026
Respuesta a la emergencia | Boletín
Guía para comunicar en tiempos de emergencia
Comunicar también es ayudar: orientaciones para informar con criterio, empatía y responsabilidad antes, durante y después de una emergencia.
Este documento fue creado por el equipo de Comunicaciones de la Fundación WWB Colombia como una herramienta para orientar la comunicación antes, durante y después de una emergencia. Parte de una convicción sencilla: cuando una situación altera la vida de las personas y las comunidades, la información puede convertirse en una forma concreta de ayuda. Una indicación clara orienta; un dato verificado evita una decisión equivocada; una ruta de atención acerca a quien la necesita a la ayuda disponible; una historia visibiliza una necesidad; una comunicación oportuna conecta esfuerzos que, de otra manera, podrían permanecer aislados.
En una emergencia, todo esto ocurre mientras cambian las prioridades, se aceleran las decisiones y aumenta la circulación de información. Por eso, comunicar requiere criterio, escucha, coordinación, capacidad para verificar y responsabilidad frente a las consecuencias de cada mensaje. Comunicar en una emergencia exige humanidad: detrás de cada cifra hay personas; detrás de cada fotografía hay una historia; detrás de cada mensaje hay alguien intentando entender qué hacer, dónde acudir o cómo proteger a quienes quiere.
Esta guía propone una comunicación basada en el respeto, la empatía, la dignidad y el cuidado. Incorpora una mirada de género, pues las emergencias profundizan desigualdades preexistentes y afectan de manera diferenciada a mujeres, hombres, niñas, niños y personas con distintas condiciones y responsabilidades. Comunicar bien implica reconocer esas diferencias y garantizar la visibilidad de todas las realidades.
En este informe
En una emergencia comunicar también es actuar.
La guía recoge orientaciones de organismos especializados como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), Oxfam, UNICEF, UNESCO y la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), además de aprendizajes derivados de la experiencia colombiana. Está pensada para quienes comunican desde una organización y para quienes tienen información que afecta las decisiones de otras personas: autoridades, equipos de respuesta, periodistas, organizaciones sociales, empresas, universidades, fundaciones, líderes y ciudadanía.
En una emergencia, las personas necesitan información para tomar decisiones mientras las circunstancias siguen cambiando. Saber qué ocurrió puede ser importante, pero también lo es saber qué hacer, dónde acudir, qué lugares evitar, qué servicios están disponibles o cómo comunicarse con quienes están lejos.
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La información, además, puede llegar por muchos canales y con distintos niveles de confiabilidad. Una cifra preliminar puede confundirse con un dato definitivo; una fotografía fuera de contexto puede parecer actual; un mensaje reenviado puede adquirir apariencia de verdad por el simple hecho de haber circulado muchas veces. Por eso, la comunicación durante una emergencia exige algo más que rapidez: requiere reconocer qué se sabe, qué todavía no está confirmado, de dónde proviene cada dato y qué necesita saber la población para actuar con mayor claridad.
Una emergencia altera en pocas horas aquello que parecía estable. Cambian las prioridades, los lugares de encuentro, las rutinas, los canales de comunicación y la información disponible. Es justamente en este escenario donde cobra importancia la comunicación de riesgos: facilitar que las personas comprendan una amenaza, conozcan las recomendaciones disponibles y puedan tomar decisiones informadas.
Ahí aparece uno de los principales retos de la comunicación en emergencias: ayudar a reducir la incertidumbre sin crear una falsa sensación de certeza.
Caso Colombia: comunicar en medio de un terremoto
El sismo del 10 de agosto de 2026 en San José del Palmar, Chocó, con magnitud 7,4 según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), es un ejemplo claro de la altísima exigencia informativa que impone un desastre de origen natural. En pocos minutos, la necesidad de conocer el balance de daños y las rutas de evacuación seguras generó una presión extrema sobre los canales de comunicación de las organizaciones. Este caso mostró que las cifras iniciales siempre son provisionales y que el flujo informativo debe gestionarse con rigurosidad técnica para promover la calma.
- Utilizar la escala oficial de Magnitud Momento (Mw) y Magnitud Local (ML), atribuyendo la cifra directamente a la fuente oficial (“según el Servicio Geológico Colombiano”).
- Diferenciar magnitud de intensidad: la magnitud mide la energía liberada en el origen (un valor único); la intensidad describe cómo se sintió el movimiento en cada población (varía de un lugar a otro).
- Incluir la profundidad, que junto con las condiciones del suelo explica por qué un sismo se percibe de forma distinta en la superficie.
- Usar “sismorresistente”, no “antisísmico”: ninguna estructura impide que la tierra tiemble; las edificaciones sismorresistentes están diseñadas para absorber el movimiento y reducir el riesgo de colapso.
- Promover la ciencia ciudadana: incentivar a la población a reportar su experiencia en la plataforma “Sismo Sentido” del SGC ayuda a mapear la intensidad real del evento en todo el territorio.
El terremoto también mostró cómo una emergencia moviliza simultáneamente a autoridades, organismos de socorro, equipos de salud, organizaciones humanitarias, medios de comunicación, empresas, universidades, fundaciones y comunidades. Ese escenario permitió ver algo fundamental: en una emergencia, comunicar también significa coordinar información.
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Las instituciones necesitan compartir datos, aclarar responsabilidades y mantener la coherencia en sus mensajes. Los medios necesitan fuentes confiables. Las comunidades necesitan saber dónde encontrar respuestas. Las organizaciones que apoyan la emergencia necesitan conocer qué está ocurriendo para orientar sus capacidades.
El caso colombiano también mostró la importancia de mirar más allá de la emergencia inmediata. Los daños físicos pueden ser visibles; otros efectos tardan más en aparecer: pérdida de ingresos, interrupción de actividades económicas, dificultades para trabajar, afectaciones en el cuidado, desplazamientos temporales, incertidumbre y pérdida de confianza. Una comunicación responsable necesita reconocer esas dimensiones.
Comunicar comienza mucho antes de redactar un comunicado.
Durante una emergencia, la información cumple funciones simultáneas: orienta, conecta, permite coordinar, apoya la toma de decisiones, visibiliza necesidades y reduce la incertidumbre. De acuerdo con la OMS, escuchar las preocupaciones, percepciones y creencias de las personas es tan importante como proporcionarles hechos y recomendaciones. El Manual de Comunicaciones en Emergencia de la UNGRD reconoce la gestión de la información como un componente esencial de la respuesta, que abarca la planificación, la coordinación institucional, la relación con medios, la vocería, el monitoreo y el diálogo comunitario.
¿Quiénes informan durante una emergencia y cómo nos relacionamos?
En una emergencia convergen múltiples voces con responsabilidades y competencias claramente diferenciadas. Reconocer estas distinciones promueve la difusión de datos oficiales y mantiene la claridad entre la labor de las organizaciones y el trabajo periodístico.
Cada fuente comunica desde una perspectiva propia: la autoridad pública desde su responsabilidad institucional, el periodista desde su autonomía e independencia editorial, y las organizaciones sociales o fundaciones desde su capacidad operativa y compromiso humanitario en el territorio. Comprender y respetar estos límites constituye un principio de responsabilidad.
La comunicación como infraestructura de confianza
Esta confianza se construye día a día a través de la transparencia y la honestidad al comunicar lo que se sabe y lo que aún se desconoce. Admitir una limitación o corregir un error públicamente fortalece la credibilidad institucional en lugar de debilitarla. La emergencia no es el momento para definir vocerías o buscar contactos: prepararse exige estructurar capacidades con antelación.
Vocería titular / Dirección general
Coordinación de Comunicaciones
Liderazgo operativo de terreno o enlace comunitario
Si tras un evento crítico transcurren 60 minutos con necesidad de confirmación, el integrante de mayor antigüedad presente en el Comité de Crisis asume temporalmente la vocería, autorizada únicamente para emitir la plantilla preaprobada de confirmación inicial y autocuidado, posponiendo cualquier declaración cualitativa o balance de daños hasta la unificación del comité. Establecer acuerdos previos con aliados estratégicos y la validación obligatoria del área jurídica dentro del Comité de Crisis permite reaccionar de forma articulada y ágil cuando la crisis se desencadena.
Una matriz para organizar los públicos
Las necesidades de información varían según cada grupo de interés. Una matriz organizada permite segmentar de manera efectiva:
| Público | ¿Qué puede necesitar? | Canal posible | Responsable |
|---|---|---|---|
| Colaboradores | Instrucciones de seguridad, continuidad laboral, decisiones internas. | Chat institucional, correo interno, mensajería. | Equipo de Gestión Humana / Crisis |
| Comunidades afectadas | Información de seguridad inmediata, rutas de ayuda, puntos de atención. | Megafonía, radio comunitaria, cartelería, redes sociales locales. | Equipo de terreno / Enlace comunitario |
| Emprendedoras/es y aliados | Estado de proyectos, recursos disponibles, reprogramación de actividades. | Correo electrónico, llamadas telefónicas directas. | Coordinadores de programas |
| Medios de comunicación | Cifras oficiales, vocería autorizada, boletines de prensa, contexto. | Grupos de prensa, correo masivo, llamadas de vocería. | Coordinación de Comunicaciones |
| Autoridades locales | Reportes de capacidad instalada, coordinación operativa. | Oficios oficiales, canales interinstitucionales directos. | Dirección General / Líder designado |
| Proveedores | Instrucciones sobre entregas, estado de pagos, logística de suministros. | Correo, llamadas. | Área administrativa / Compras |
| Público general | Datos verificados, pedagogía de prevención, formas de apoyar. | Sitio web institucional, redes sociales principales. | Equipo de redes de Comunicaciones |
Informarse antes de informar
La prisa no puede sustituir la verificación. Antes de difundir un dato o una imagen, es indispensable evaluar su origen, fecha de producción, confirmación por fuentes competentes, contexto y vigencia. Explicar con honestidad lo que se conoce y reconocer las dudas vigentes resulta fundamental.
Pensar antes de publicar: antes de publicar es necesario reflexionar sobre la utilidad del mensaje, la precisión de la fuente, el momento oportuno y la posibilidad de generar confusión, sumando la evaluación de los impactos diferenciados por género, edad u otras condiciones de vulnerabilidad.
Comunicar para orientar: el valor de un mensaje radica en su capacidad para traducirse en acciones. Un comunicado útil precisa qué ocurrió, qué se sabe, qué acciones se recomiendan, dónde acudir y qué condiciones deben considerarse. La información debe ser creíble, pertinente, oportuna, accesible y orientada a la acción.
Comunicar desde una organización: cualquier entidad que enfrente una crisis debe equilibrar sus aportes con las necesidades de sus públicos, verificando datos, coordinándose con otros actores y definiendo responsabilidades antes de difundir mensajes externos.
Hablar claro: el lenguaje claro y accesible facilita la comprensión rápida en situaciones de crisis. La OMS aconseja emplear un vocabulario accesible, aclarar siglas y usar oraciones breves y términos directos. La claridad constituye una dimensión del cuidado.
Redes sociales y desinformación
Aunque las plataformas digitales agilizan la difusión de información, también expanden contenidos erróneos o manipulados (cifras falsas, imágenes fuera de contexto o audios apócrifos). Frente a ello, la OMS recomienda aplicar un esquema que abarque la detección, verificación, evaluación de riesgo, diseño de la respuesta y difusión efectiva de rectificaciones con respeto hacia la ciudadanía.
Las emergencias profundizan las desigualdades preexistentes en las tareas de cuidado y el acceso a recursos, al tiempo que incrementan los riesgos de violencia contra las mujeres y las niñas. De acuerdo con la Guía para medios de comunicación para comunicar con perspectiva de género en contextos de emergencia (PNUD / ONU Mujeres), la comunicación debe transformar las narrativas tradicionales para visibilizar estas realidades, formulando siempre la pregunta central: ¿qué puede hacer una persona de forma concreta con esta información?
Cuando falla la conectividad
Ante interrupciones en los servicios de internet o energía, los planes de comunicación deben contemplar la radiodifusión local y los medios comunitarios como una verdadera infraestructura de resiliencia. En Colombia, la radio sigue siendo el canal más confiable y de mayor alcance para poblaciones rurales y vulnerables frente a los apagones tecnológicos. La mensajería de texto, el perifoneo y el diálogo presencial mediante líderes de la comunidad completan esta red de comunicación resiliente.
La inteligencia artificial: una herramienta, no una fuente
Si bien la inteligencia artificial (IA) representa un recurso valioso para optimizar procesos como el procesamiento de grandes volúmenes de datos, la transcripción de audios en tiempo real y la traducción de contenidos, su implementación en escenarios de crisis entraña riesgos que pueden comprometer la seguridad y la respuesta institucional.
Un dato sintético o erróneo sobre rutas de evacuación, cifras de afectados o puntos de atención puede inducir a decisiones equivocadas. La IA puede ser instrumentalizada para crear contenido engañoso (imágenes manipuladas, audios sintéticos, boletines apócrifos) diseñado para generar pánico o desconfianza. El riesgo más crítico es la pérdida de la supervisión humana en la cadena de validación: la IA debe ser un instrumento de apoyo operativo, nunca una fuente primaria de verdad. La validación directa de los hechos y la responsabilidad final de cada mensaje deben recaer siempre en equipos humanos capacitados.
La solidaridad también se comunica
La solidaridad espontánea de la ciudadanía es una de las manifestaciones más potentes durante una crisis, pero para ser efectiva requiere organización, claridad y responsabilidad comunicativa.
Coordinación con autoridades: la voluntad de ayudar debe articularse con los puestos de mando unificado. Informar qué perfil de apoyo se requiere, en qué horarios y bajo qué condiciones evita la sobrepoblación no planificada en las zonas impactadas.
Prevención de desinformación: suelen circular cadenas no verificadas que solicitan insumos innecesarios, medicamentos vencidos o donaciones hacia cuentas no oficiales. Quienes lideran iniciativas ciudadanas deben validar con fuentes institucionales antes de difundir llamados a la acción.
Articulación con puntos oficiales de acopio: centralizar las recolectas en centros autorizados y difundir ubicaciones, horarios y normas de embalaje asegura que la ayuda llegue oportunamente, manteniendo la dignidad de las comunidades beneficiarias.
Comunicación interna: cuidar a quienes comunican
El personal de una organización es un canal clave de difusión y, al mismo tiempo, un grupo humano que sufre el impacto directo de la crisis. Antes de emitir cualquier mensaje hacia el exterior, es indispensable informar internamente sobre el estado de las personas, las instalaciones, las decisiones operativas y las medidas de protección. La comunicación interna constituye la base sobre la cual se construye una vocería externa sólida, coherente y tranquila.
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Para que esta gestión sea efectiva, se deben habilitar canales que permitan al equipo expresar inquietudes o necesidades de manera oportuna, junto con protocolos estrictos de verificación interna para detener especulaciones y evitar la propagación de rumores. Es prioritario cuidar la salud mental y el bienestar emocional: el acceso a recursos de apoyo psicológico debe facilitarse con claridad desde el primer instante de la crisis, como medida preventiva y no solo como respuesta reactiva frente al agotamiento acumulado.
La vocería: una voz clara cuando más importa
La principal vocera asume la responsabilidad de comunicar públicamente la posición institucional. Requiere conocer qué está confirmado, qué se encuentra en verificación y qué corresponde a otras autoridades. Es recomendable estructurar las intervenciones siguiendo una secuencia lógica: exponer los hechos conocidos, detallar las acciones en curso, señalar los aspectos en verificación e indicar dónde ampliar la información. Si no se conoce una respuesta, admitirlo con honestidad genera más confianza que improvisar.
La relación con los medios
El trabajo con los medios debe prepararse de forma previa. La labor de cualquier organización consiste en facilitar datos comprobables de su operación, brindar contexto territorial y ofrecer acceso seguro en el terreno, respetando siempre la independencia editorial de los periodistas. Distinguir con claridad entre la comunicación institucional y el ejercicio periodístico independiente protege la transparencia del proceso y fortalece la confianza de la ciudadanía.
Monitorear también es escuchar
El monitoreo constante trasciende la simple medición del volumen de publicaciones o el alcance de las métricas. Implica una escucha activa y empática para comprender las dinámicas cambiantes de la conversación pública, permitiendo adaptar la comunicación en tiempo real. Esta atención incluye el seguimiento de medios locales y nacionales, la interacción en redes sociales, las consultas directas con la población, los reportes de los equipos en campo y los canales comunitarios.
La comunicación responsable debe ser tratada como una infraestructura pública esencial: se construye con preparación, coordinación y verificación, no se improvisa cuando ya ocurrió la emergencia.
Contar lo ocurrido implica enaltecer la dignidad humana en todo momento.
Palabras que cuidan
Es necesario priorizar el respeto, la empatía y la objetividad. Una perspectiva de género exige superar la representación de las mujeres como víctimas pasivas o vulnerables: es indispensable visibilizar activamente su rol como lideresas de la respuesta, participantes activas y tomadoras de decisiones clave en sus comunidades. Las emergencias alteran drásticamente las dinámicas de soporte de la vida cotidiana y sobrecargan de forma desproporcionada las labores de cuidado en las mujeres; integrar este lente en la comunicación pública permite visibilizar estas cargas invisibles y reorientar la ayuda de manera equitativa.
Fotografías, videos y testimonios
Incorporar un enfoque de género e interseccional implica comprender que las emergencias no afectan a todas las personas de la misma manera. Factores como la edad, la discapacidad, la pertenencia étnico-racial, el territorio, las responsabilidades de cuidado y la situación socioeconómica modifican las posibilidades de enfrentar una crisis. Las imágenes documentan los hechos, pero pueden vulnerar la intimidad de las personas: antes de difundirlas, se debe evaluar la necesidad de su publicación, el consentimiento y los riesgos de exposición en situaciones de vulnerabilidad.
La información útil también debe ser accesible
La accesibilidad debe ser un requisito fundamental del mensaje. La comunicación de emergencia debe incorporar lenguaje sencillo, contrastes visuales, subtítulos, formatos de audio y adaptaciones culturales para llegar a personas con discapacidad o con conectividad limitada. La metodología de Lectura Fácil ofrece pautas para reducir barreras de comprensión mediante oraciones cortas, estructuras gramaticales directas (sujeto, verbo y predicado), tipografías limpias y diseños de alto contraste.
Escuchar antes de hablar
Las comunidades territoriales conocen los caminos, las necesidades no registradas y los canales de comunicación más efectivos. Escuchar permite identificar vacíos informativos, rumores y necesidades emergentes.
Rendición de cuentas a las poblaciones afectadas
Formalizar la rendición de cuentas implica habilitar mecanismos bidireccionales, seguros y accesibles para que las comunidades beneficiarias puedan emitir comentarios, sugerencias o denuncias en tiempo real. Se debe consolidar una línea transparente (física, mediante buzones comunitarios, y digital, a través de líneas telefónicas o WhatsApp dedicadas) para recibir y tramitar estos reportes de manera confidencial, garantizando una respuesta oportuna y la corrección inmediata de las operaciones en terreno.
Una comunicación que evoluciona por fases
Predomina la orientación de seguridad.
Se precisan las rutas de atención.
El foco se traslada hacia vivienda, salud, educación y reactivación económica.
¿Qué funcionó? ¿Qué llegó tarde? ¿Qué información hizo falta? ¿Qué canal funcionó mejor? ¿Qué rumores aparecieron? ¿Qué preguntas no supimos responder? ¿Cómo funcionó la vocería? ¿La comunicación interna fue suficiente? ¿Qué equipos faltaron? ¿Qué coordinación funcionó? ¿Qué personas o grupos quedaron por fuera?
Comunicar en territorio: el trabajo de campo requiere conocer de antemano rutas de acceso, zonas restringidas, autoridades presentes y condiciones de seguridad. La dotación técnica —teléfonos, baterías, identificaciones y respaldos— resulta tan decisiva como la actitud de escucha para documentar las realidades de la zona sin obstaculizar los rescates.
Cuando termina la fase crítica, conviene hacer una pausa para revisar lo ocurrido.
La evaluación debe convertirse en conocimiento, para que al final de la emergencia el aprendizaje se sostenga. Siete prácticas resumen esta etapa:
Las organizaciones comunican desde sus responsabilidades, capacidades y mandato; los medios de comunicación investigan y deciden sus contenidos con estricta autonomía editorial.
Disponer de múltiples vías de comunicación asegura que el mensaje llegue a su destino.
El acompañamiento informativo debe mantenerse activo a lo largo de toda la fase posterior a la crisis.
El contenido visual debe respetar siempre la dignidad, intimidad y privacidad de las personas.
Es fundamental visibilizar las diversas perspectivas y necesidades según género, edad, discapacidad, territorio y responsabilidades.
Es necesario aplicar protocolos de verificación técnica antes de dar por cierto un archivo visual.
Quienes trabajan en la organización requieren comunicación oportuna y clara en todo momento.
Una emergencia exige la máxima integridad comunicativa
Frente a la incertidumbre y el impacto emocional de las crisis, la información oportuna, verificada y empática orienta, aporta calma y conecta efectivamente las necesidades de las comunidades con los recursos disponibles. Ayudar también significa proteger la dignidad de las personas. En los momentos de mayor vulnerabilidad, debemos ser un filtro ético: informar con claridad sin caer en el morbo, evitar el amarillismo y cuidar siempre la imagen de quienes están sufriendo. El dolor ajeno no es un espectáculo para ganar visualizaciones; el compromiso es mostrar la realidad desde el respeto más profundo.
La próxima emergencia no avisará cuándo llegará, pero nos debe encontrar con mayor preparación, articulación y conciencia para que nuestra voz y nuestros canales sean, ante todo, un salvavidas para quienes más lo necesitan.
Comunicar bien no resuelve una emergencia por sí sola.
Pero permite que las personas comprendan mejor lo que ocurre, encuentren caminos para actuar y sepan dónde buscar u ofrecer ayuda. En una emergencia, comunicar también es ayudar, y comunicar con propósito es cuidar.
Filtros, rutas y reglas prácticas para decidir y actuar rápido.
Una herramienta para decidir antes de publicar
Para evaluar la pertinencia de un mensaje antes de su difusión, se sugiere pasar el contenido por un filtro ético basado en seis dimensiones clave:
Validar de dónde proviene, si está plenamente verificada y si cuenta con una fecha y hora de corte claras.
Evaluar qué aporta el mensaje, si realmente orienta una acción concreta o si responde a una necesidad real.
Analizar quién recibirá el mensaje, quién podría quedar excluido, si la información puede causar algún perjuicio y cómo proteger la privacidad y dignidad de los afectados.
Cuidar la diversidad en la vocería y las imágenes, evitando caer en estereotipos de género o invisibilizar a sectores vulnerables.
Determinar si es el momento oportuno para publicar y si existe riesgo de amplificar un rumor.
Asegurar que el contenido corresponda a nuestra competencia institucional y esté respaldado por las acciones que realmente estamos ejecutando en el territorio.
Una ruta para las primeras horas
Durante el inicio de una emergencia, la priorización del flujo de trabajo es crucial para evitar el caos. Esta ruta secuencial ayuda a ordenar la respuesta:
Confirmar de inmediato el evento, reunir al equipo de crisis y abrir un canal de coordinación interna rápido.
Consultar fuentes oficiales y delimitar de forma rigurosa los hechos comprobados de aquellos que aún están bajo revisión.
Definir qué información crítica necesitan recibir con urgencia las comunidades afectadas, posponiendo los datos secundarios.
Emitir mensajes breves, accesibles y con llamadas a la acción directas, especificando siempre la fuente y el horario de corte.
Monitorear de forma activa las reacciones, preguntas, temores y posibles rumores para ajustar los mensajes.
Corregir imprecisiones con transparencia y actualizar las orientaciones a medida que evolucione la situación.
Archivar sistemáticamente las decisiones tomadas y las comunicaciones emitidas para la posterior rendición de cuentas.
Las 5 reglas de oro de la comunicación en emergencias
La rigurosidad garantiza la precisión. Contrasta cada dato con fuentes oficiales e instituciones técnicas autorizadas antes de autorizar su publicación.
Cada mensaje debe ofrecer pautas claras de orientación, autocuidado y rutas de ayuda accesibles para la comunidad.
Reconoce las vulnerabilidades específicas de mujeres, niñez y colectivos tradicionalmente excluidos, promoviendo su liderazgo y rol activo.
Respeta la privacidad de las personas en situación de vulnerabilidad o dolor; el interés informativo debe ser guiado siempre por los derechos humanos.
Si un dato está en proceso de verificación, admítelo con honestidad. Explicar lo que se sabe y lo que aún no se confirma fortalece la credibilidad.
Manual de bolsillo — lista de chequeo ético para imágenes, videos y testimonios
- Origen verificado: ¿Confirmamos el autor original, la fecha exacta y el lugar geográfico del video o fotografía?
- Consentimiento explícito: ¿Las personas que aparecen dieron su consentimiento para ser registradas y expuestas? (Especialmente en situaciones de vulnerabilidad o dolor).
- Protección de la infancia: ¿La publicación respeta plenamente los derechos y la privacidad de niñas, niños y adolescentes según las directrices de UNICEF?
- Preservación de la dignidad: ¿El contenido visual dignifica a las personas o las reduce a víctimas pasivas?
- Foco en la objetividad y el respeto: ¿La publicación se enfoca en orientar e informar con sobriedad y profesionalismo?
- Seguridad física: ¿La revelación de ubicaciones o identidades puede exponer a las personas a riesgos adicionales en el territorio?
Todo protocolo alcanza su máxima efectividad cuando se ejercita y se actualiza.
La resiliencia organizacional frente a situaciones de desastre exige llevar las directrices a la práctica mediante ejercicios continuos de simulación. Los simulacros periódicos constituyen el mecanismo más robusto para identificar cuellos de botella en la toma de decisiones, evaluar la fluidez de los canales de coordinación interna y pulir la destreza técnica de los voceros antes de que la presión real de una emergencia amenace la estabilidad institucional.
Qué evaluar en un simulacro
1. Oportunidad en la activación↓
¿Cuántos minutos tomó convocar al equipo de crisis y emitir el primer mensaje de autocuidado desde la recepción de la primera alerta del ejercicio?
2. Rigor técnico e integridad de las fuentes↓
¿Se mantuvieron los términos correctos (magnitud, intensidad, sismorresistencia) y la atribución explícita a la fuente oficial, sin dar espacio a la especulación?
3. Efectividad del protocolo de rumor↓
¿La respuesta frente a un audio o dato viral logró promover la calma centrándose exclusivamente en la información oficial comprobada?
4. Aplicación de la perspectiva de género e inclusión↓
¿Se visibilizaron adecuadamente los impactos diferenciados y el rol activo de las lideresas comunitarias en los mensajes producidos durante el ejercicio?
5. Indicadores y métricas cuantitativas clave↓
- Tiempo desde la ocurrencia del evento hasta la emisión del primer mensaje institucional.
- Tiempo total de activación y conformación del Comité de Crisis.
- Número de rectificaciones o aclaraciones emitidas frente a rumores.
- Alcance e interacción por canal de difusión (medios digitales, radio, mensajes directos).
6. Acuerdos de mejora inmediata↓
Consignar al menos tres ajustes normativos, tecnológicos o de capacitación que deben incorporarse en los protocolos de la organización antes del próximo trimestre. ¿Qué cambios inmediatos debemos implementar en nuestros protocolos y bases de datos antes de la próxima emergencia?
Ver referencias↓
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Emergencies: Risk communication (2020) y Managing false information in health emergencies: an operational toolkit (2024).
- Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Manual de Comunicaciones en Emergencia.
- Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC). Trust and accountability.
- Oxfam Colombia. El poder del liderazgo local en las emergencias (Carlos Mejía).
- UNICEF. Directrices para la realización de reportajes éticos.
- UNESCO. Los medios ante las catástrofes (2025) y Los medios de comunicación en la preparación y respuesta ante las crisis.
- Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR). Policy brief: Gender-responsive disaster risk reduction (2022).
- PNUD / ONU Mujeres. Guía para medios de comunicación para comunicar con perspectiva de género en contextos de emergencia.
- Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM). Una Cali que cuida: seis claves de género para la emergencia y la reconstrucción y Una ciudad que cuida (2026).
- Servicio Geológico Colombiano (SGC). Reportes técnicos del evento sismológico del 10 de agosto de 2026.